¿Puede una herramienta de inteligencia artificial ayudar a una selección a preparar mejor un partido?

¿Y puede hacerlo sin que el análisis de datos termine condicionando decisiones deportivas, económicas o contractuales sin suficiente control?

Football AI Pro es una buena excusa para hablar de esto. Según Inside FIFA, se trata de un asistente de análisis futbolístico basado en inteligencia artificial híbrida y generativa, diseñado para combinar datos estructurados de partido, vídeo y otras fuentes, y convertirlos en análisis táctico, evaluación de rendimiento y recomendaciones estratégicas.

Durante el Mundial de 2026, la herramienta se puso a disposición de las 48 selecciones participantes. Ese detalle es importante porque cambia el enfoque: no se trata solo de una tecnología reservada a los equipos con grandes departamentos de análisis, sino de una forma de democratizar el acceso a información avanzada para selecciones con recursos muy diferentes.

Desde el punto de vista deportivo, el beneficio es evidente. Una selección puede consultar datos de partido, revisar acciones, preparar informes, analizar rivales y extraer patrones con mucha más rapidez que mediante un trabajo exclusivamente manual. La IA no sustituye al analista, pero puede ayudarle a llegar antes a la información relevante.

El punto jurídico aparece cuando esos datos dejan de ser una simple herramienta de apoyo y empiezan a influir en decisiones que afectan a personas. Antes de implantar una solución de IA en deporte profesional, conviene definir para qué se usará, qué datos tratará, quién podrá acceder, qué decisiones podrá apoyar, qué decisiones quedarán fuera y qué evidencias se conservarán.

IA y fútbol: utilidad real, riesgos reales

En fútbol, la IA puede ayudar a interpretar vídeo, datos de posicionamiento, métricas físicas, rendimiento comparado, patrones tácticos o secuencias de juego. Puede servir para preparar un partido, estudiar un rival, mejorar la recuperación o detectar situaciones que el cuerpo técnico quiere revisar.

Pero el mismo sistema que ayuda a ordenar información también puede generar riesgos si se utiliza sin límites. No es lo mismo usar IA para buscar clips de una presión alta que utilizar una predicción para decidir si un jugador debe renovar, si conviene ficharlo o si debe quedar fuera de una convocatoria.

En ese segundo escenario ya no hablamos solo de rendimiento deportivo. Hablamos de decisiones que pueden afectar a la carrera profesional, la reputación, la salud y las condiciones económicas de una persona.

Beneficios frente a riesgos

El principal beneficio de herramientas como Football AI Pro es que reducen la distancia entre el dato bruto y la decisión técnica. Un equipo con menos recursos puede acceder a análisis que antes exigían más tiempo, más personal y más capacidad tecnológica.

Esa democratización es positiva, pero no elimina la necesidad de control. Si todos pueden acceder a mejores análisis, también todos necesitan entender sus límites.

Una recomendación puede estar bien calculada y aun así no ser suficiente para decidir. El modelo puede detectar una tendencia, pero no conocer una molestia física no registrada, una instrucción táctica concreta, una situación personal del jugador o un cambio de contexto durante la competición.

Por eso, el uso responsable exige distinguir entre apoyo a la decisión y sustitución de la decisión.

Calidad del dato

La calidad del dato es uno de los puntos legales y operativos más importantes.

Si los datos son incompletos, están mal etiquetados, proceden de fuentes no verificadas o no reflejan correctamente lo ocurrido en el campo, la conclusión puede parecer objetiva aunque esté construida sobre una base débil.

En herramientas deportivas de IA, esto obliga a revisar origen, actualización, exactitud, trazabilidad y finalidad de los datos. También exige limitar el acceso, proteger la confidencialidad y evitar reutilizaciones incompatibles con el propósito inicial.

Desde el RGPD, si hay datos personales de jugadores o técnicos, habrá que justificar la base jurídica, informar adecuadamente, aplicar minimización y valorar si el tratamiento puede afectar significativamente a la persona.

Supervisión humana

La supervisión humana no consiste en que alguien lea un informe generado por IA y lo acepte sin más.

Una revisión real exige que el usuario entienda qué puede hacer el sistema, qué no puede hacer, con qué datos trabaja y en qué casos debe cuestionar el resultado. Aquí encaja directamente el artículo 4 del AI Act, que exige medidas de alfabetización en IA para quienes utilizan estos sistemas en nombre de una organización.

En la práctica, un analista o entrenador debería poder apartarse de una recomendación, explicar por qué lo hace y documentar los motivos cuando la decisión tenga impacto relevante.

Si la herramienta genera contenidos, informes automatizados o interactúa directamente con usuarios, también pueden aparecer obligaciones de transparencia del artículo 50 del AI Act. No se trata solo de usar IA, sino de que quienes reciben o utilizan sus resultados sepan qué papel ha tenido el sistema.

Análisis de riesgos y evidencias

Antes de implantar una herramienta de IA en deporte profesional, el análisis debería empezar por el caso de uso concreto.

No basta con aprobar “una herramienta de IA”. Hay que identificar si se utilizará para análisis táctico, rendimiento físico, prevención de lesiones, scouting, decisiones contractuales, comunicación con aficionados o generación de contenidos.

A partir de ahí, deben definirse riesgos, responsables, controles, permisos de acceso, medidas de seguridad, reglas de supervisión y documentación mínima. También conviene revisar el contrato con el proveedor, la localización de los datos, los subencargados, la conservación de información y la posibilidad de auditar o explicar determinados resultados.

Si una herramienta influye en decisiones sobre personas, la organización debe conservar evidencias: qué datos se usaron, qué recomendó el sistema, quién revisó el resultado, qué decisión se tomó y por qué.

Conclusiones

Football AI Pro muestra una tendencia clara: la IA va a tener un papel cada vez más relevante en el fútbol profesional, especialmente en análisis, rendimiento y preparación táctica.

La oportunidad es evidente, porque puede democratizar el acceso a información avanzada y ayudar a que más equipos trabajen con mejores datos. Pero esa ventaja no elimina las obligaciones jurídicas que aparecen cuando el sistema trata datos personales o influye en decisiones que afectan a deportistas.

Desde el AI Act, el artículo 4 obliga a formar a quienes utilizan sistemas de IA para que entiendan sus capacidades y límites. El artículo 50 puede exigir transparencia cuando exista interacción con sistemas de IA o contenidos generados artificialmente. Y, si el uso concreto del sistema llegara a encajar en una categoría de alto riesgo, entrarían en juego obligaciones más intensas sobre gestión de riesgos, calidad de datos, documentación, registros, supervisión humana, precisión, robustez y ciberseguridad.

El Data Act también puede ser relevante cuando los datos procedan de productos conectados o servicios relacionados, como dispositivos de seguimiento, sensores o tecnologías que generen datos de uso. En esos casos, cobran importancia las reglas sobre acceso, uso y puesta a disposición de los datos.

La conclusión sencilla es esta: en deporte, como en banca o en cualquier sector intensivo en datos, la buena IA no es la que sustituye el criterio humano, sino la que ayuda a decidir mejor sin perder responsabilidad, proporcionalidad ni control.